¡Viva la diferencia!

El mes de noviembre pasado África de Sur ganó la Copa del Mundo de Rugbi. Al final del partido preguntaron a Siya Kolisi, el capitán del equipo ganador, de raíces humildes en Port Elizabeth, si de pequeño alguna vez había soñado con liderar su país a una victoria así. Contestó Kolisi que no tenía este tipo de sueño. Más bien soñaba con dónde iba a encontrar su próxima comida. La anécdota ilustra el tema de este artículo, la experiencia diferente vivida por cada persona, y la imposición habitual del relato más frecuente.

Una de las irritaciones menores de esta vida, una vez que, con suerte, disfrutamos de salud y bienestar suficientes, es el concepto de normalidad. En todos los ámbitos de la vida, nuestro comportamiento puede resultar más o menos normal. Como extranjero en Cataluña, tengo una afinada sensibilidad a este tema. Después de más de media vida por estas latitudes, casi cada día pasa algo para recordarme de mi excepcionalidad.

El concepto de normalidad es un látigo para castigar todo el mundo que es diferente. O sea, en más o menos medida, a todo el mundo. La presión para conformar puede ser útil socialmente, pero nunca ha generado ni conocimiento y ni comprensión. Las personas de aspecto diferente, de minoría étnica, con exceso de peso, con diversidad funcional, de hábitos poco frecuentes, de actitudes no compartidas, de lengua no prestigiada, de sexualidad inesperada, etc., viven el reto de ser diferente todos los días.

El año 2014, Francesca Martínez publicó su Bildungsroman autobiográfico What the **** is Normal?!, en el cual cuenta como su vida se ha convertido en la superación constante de los prejuicios de los demás, delante de su propia diferencia. Traduzco tres fragmentos suyos a continuación.

Sea cual sea el cuerpo con que nacimos, la presión de ser normal es por todas partes. Pero ¿has encontrado alguna vez una persona normal? ¿Qué aspecto tienen? ¿Dónde viven? ¿Qué desayunan?

Después de mucha contemplación he llegado a la conclusión que en realidad estas creaturas de tantos cuentos (las personas normales) no existen. En ninguna parte. En Planeta Tierra. La normalidad es un mito.

Si alguien te quiere etiquetar, es cosa suya. Pero nosotras escogemos como nos vemos. Lo demás no importa.

Por todo esto, tengo cierta manía a la palabra normal y el concepto que representa, lo cual me lleva a vivir la vida muchas veces a contracorriente, hasta incluso en intercambios que carecen de importancia. Consideremos unos ejemplos.

El primer tiene que ver con el desayuno, y ya no me pasa porque he cambiado de costumbres. Pero antes si pedía un cruasán la respuesta siempre era “¿Normal?”. La persona que me hacía esta pregunta inocente no sabía la rabia que me daba. ¿Qué quiere decir normal en este contexto? Pues, resulta que quiere decir sin queso, sin chocolate, hecho de harina blanca, etc. Pero si suelo pedir un cruasán de chocolate, entonces para mi es la opción normal. La sociedad me recuerda que no soy normal, porque según la persona que me atiende sin chocolate es la opción normal.

Lo mismo pasa con la leche del café. Hay desnatada, semidesnatada, de soja, de avena, de almendras y, por supuesto, normal, que en este caso es leche entera (o semidesnatada).

Y ¿qué tiene que ver con todo esto la etiqueta del contenidor de leche de la imagen superior? Resulta que el texto en español es más grande que el texto en portugués. ¿Qué es el significado de esta diferencia? Seguramente es un reflejo del hecho que esta marca de leche se vende a más personas de habla española. Pero para cada persona consumidora esta diferencia es irrelevante y carece de sentido, más allá de recordar que formamos parte de una cultura lingüística más o menos dominante.

Algo parecido pasa con las locuciones de la radio. Por ejemplo, “son las seis, una hora menos en las Islas Canarias”. Este tipo de frase recuerda cada vez a las personas de las islas que son excepcionales, diferentes. Si 1 de cada 23 españoles vive en el archipiélago, como mínimo un día al mes la locución tendría que ser “son las cinco, una hora más en la España peninsular, Baleares, Ceuta y Melilla”.

La falta de respeto a la diferencia es un importante factor de regresión en nuestra sociedad, donde actualmente vemos una fuerte presión hacia la homogeneïdad, la tradición y la intolerancia a la diferencia. Entre las minorías que padecen estos prejuicios con más crudeza son el 10% de las personas que residen en España que son de nacionalidad extranjera. Los grupos más nombrosos proceden de Marruecos y Rumanía. ¿Qué grado de respeto social tienen estos colectivos? ¿Qué sabemos de estas personas?

La presión hacia la conformidad sexual es asfixiante. Los juegos infantiles y el discurso cotidiano están salpicados de la asignación de los papeles tradicionales de la pareja heterosexual. “¿Tienes novia?” “¡No seas maricón!” “Hay que ser pudorosa.” “Serás marimacho?”

Me vienen a la cabeza, mientras escribo estas líneas, las palabras conmovedoras de mi amigo Ricardo Múñoz-Martin, que incluyó en su libro seminal Lingüística para traducir (Teide, 1995) la dedicatoria

A todos los extranjeros que en el mundo han sido.

Pues, eso. ¡Feliz año 2020, todas las lectoras diferentes de Tradiling!

Richard Samson

I’m a teacher living in Osona, Spain. I'm into tennis, dogs, and chickens. I’m also interested in translation and Moodle (well, digital tools for teaching, in general).
Richard Samson
Richard Samson

Acerca de Richard Samson

I’m a teacher living in Osona, Spain. I'm into tennis, dogs, and chickens. I’m also interested in translation and Moodle (well, digital tools for teaching, in general).
Esta entrada fue publicada en Culture. Guarda el enlace permanente.